


El mismísimo primer día que llegué a este maravilloso país, al estado de Florida, sucedió una anécdota muy curiosa. Realmente me " bautizaron " de lo lindo
Sucedió que me recibió mi gran amigo peruano Hugo. Muy bonito el reencuentro, dejamos mis maletas en su domicilio y salimos a pasear en carro. Apreciaba toda la modernidad de este lindo país, pero en un momento pasamos por una zona donde vi, en algunas esquinas, gente de mal vivir. Le pregunté a mi amigo si habían "chorizos" (ladrones) en EE.UU. y él me respondió sonriendo que no.
Yo traía mil 600 dólares de viaje. Llegó la noche y, debido a la emoción del primer día, nos fuimos a una tienda de ropa y, en vez de dejar el dinero en el apartamento, me lo llevé conmigo. Siempre me acuerdo que lo guardé en el bolsillo derecho -adelante-: 16 billetes de 100 en mi clásico blue jean.
Después de seleccionar algunas prendas para probármelas, me dirigí a un probador personal y al poco rato salí con un pantalón para preguntarle a mi amigo qué tal me quedaba ya que lo veía muy grande. Él me dijo que estaba bien, que estaban de moda así.
Regresé al minuto y el probador ya estaba cerrado, con una persona adentro. Solo podía ver por una línea minúscula de la puerta: Había un hombre probándose ropa y justo me acordé haber dejado los mil 600 dólares adentro con mi pantalón.
Estaba solo ya que mi amigo estaba por otra parte de la tienda y lo único que me quedó pensar fue: Apenas salga la persona, reviso y si no está el dinero, lo interfiero de inmediato.
La persona en mención demoró aproximadamente diez minutos. Salió y yo entré rápidamente. Revisé velozmente el bolsillo derecho y ¿saben qué sucedió?... Dicho y hecho, ¡¡no estaba el dinero!! Y, por ende, él era el único que lo podía tener.
Salí y noté que se quería escapar caminando rápidamente. Me crucé en su camino y le dije que tenía mi dinero. “Oye chico, ¿de qué dinero me hablas? ¿Tú estás loco?, me respondió. Le seguí insistiendo y ¡me seguía diciendo que estaba rematadamente loco!
Entonces, llamé gritando a mi amigo. ¡Hugo, Hugo!. Y también empecé a vociferar: ¡Security! ¡¡¡Police!!!
Al minuto se apareció Hugo, le expliqué el caso, le increpó al supuesto ladrón, pero él no aflojaba por nada. Entonces, una persona de seguridad se nos presentó y nos dijo que esos problemas no se pueden solucionar en el interior de la tienda, solamente afuera
Le dijimos que si salíamos a la calle, el ladrón iba a correr. Pero tuvimos que aceptar la propuesta. ¿Saben qué paso? Apenas puso el primer pie afuera, el tipo salió disparado por toda la playa de estacionamiento. Los tres fuimos atrás de él, correteándolo. ¡¡La escena era digna de una de las mejores películas de Hollywood!!
Mi amigo no pudo correr mucho porque estaba mal de la pierna y yo, al poco rato, ya estaba cansado. Pero el de seguridad, en aproximadamente tres minutos, lo logró alcanzar tirándose a sus pies.
RESULTADO: Cinco patrulleros estacionados a los pocos minutos. El ladrón devolvió el dinero y en el momento en que se despedía en el patrullero nos envió a la ^#*%&@#!
Solamente me quedó encomendarlo a Dios y perdonarlo. Fue muy curioso porque, cuando acabó este episodio y estaba regresando a la tienda, me di cuenta de que había corrido por la playa de estacionamiento con toda la ropa nueva que me estaba probando, incluidas las etiquetas y precios... ¡Jaja!
Después, no sé en qué forma unos abogados consiguieron el teléfono de mi amigo y me llamaron para hacer una demanda. Yo no entendía nada de eso, así que les dije que lo dejaba así no más. También preguntaron si deseaba que lo suelten de la cárcel y les dije que sí, que no había. ¿Dónde estará el susodicho ahora? Ojalá haya sentado cabeza.
Las preguntas que siempre me quedaron en el tintero fueron: ¿Esa persona, de pura casualidad, ingresó al probador y encontró el pantalón y lo revisó o nos estuvo persiguiendo desde el principio?
Fue una anécdota alucinante y realmente iba a ser un bautizo bien feo, para ser el primer día en este lindo país.
Juan Carlos Uriol, Estados Unidos